
Volviendo al tema que nos ocupa, Dios se acordó de Ana y esta concibió y dio a luz un hijo al que llamo Samuel (1ª S.1:19 y 20) Ana hizo algo de lo que la mayoría de nosotros olvida cuando hace una petición a Dios, ella cumplió su promesa y entrego al niño nada mas ser destetado. Además dedico un cántico a Dios precioso que podemos ver en 1ª S. 2:1 al 11, antes de hablarles de la oración contestada, quiero mencionar dos versículos, 1ª S 2: 20 la bendición de un siervo de Dios, Eli bendijo a Elcana y su mujer, diciendo: Yahveh te de hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Dios.
Eli era miope espiritual, no era lo que se dice un ungido de Dios, pero era el sumo sacerdote, y vemos que Dios respalda a sus siervos, esto es muy importante, porque hay cristianos que menospreciando a sus lideres corren tras todo aquel que creen un ungido de Dios, Eli no tenia unción y su bendición fue esencial.
1ª S 2: 21 Y visito Yahveh a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. No hay constancia que Ana pidiese mas hijos pero Dios le concedió cinco y con Samuel tubo seis hijos la que no podía tener ninguno, cual fue su secreto, de seguro que piensan que fue por la desinteresada petición de un hijo a Dios, pero esta no es la razón, porque su petición estaba cargada de egoísmo, si Ana hubiese tenido dos o tres hijos nunca hubiese ofrecido uno de ellos a Dios, pero por cuanto no podía tener hijos derritió su corazón en presencia de Dios, si tu me lo das es para ti, no se propuso negociar con Dios, haciendo la acostumbrada oración si tu me das yo te doy, era ella la que tenia el problema y no Dios, ¿Por qué contesto Dios su oración? Por una sencilla razón, ella abrió su corazón, pero Dios no contesta todas nuestras oraciones porque a veces están hechas como las cartas que los niños escriben a los reyes magos, me traes, me das y acuérdate de aquello que te he pedido, son pocas las veces que derramamos nuestro corazón en la presencia de Dios por aquello que necesitamos, y menos aun estamos dispuestos a desprendernos de algo que consideramos nuestro para ofrecerlo a Dios de todo corazón.
Safet Hernández
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