29 may. 2010

LATA VIEJA

Hoy paseando por el bosque encontré una lata vieja, era de refresco pero tan oxidada que no se podía saber de que bebida era, eso si; daba asco cogerla.
Mirando la lata comencé a reflexionar, en lo mucho que se parece esta historia a una historia cristiana. Dice Dios en su palabra: seréis, pues, santos, porque yo soy santo. (Levítico 11:45) pero como se puede ser santo siendo imperfectos, intentaré explicarlo con la lata vieja que encontré, para la mente humana, santo es sinónimo de perfección, para Dios solo es apartado para él.
¿Qué hay en un bosque? Hay árboles que fabrican oxigeno y son refugio para aves ardillas etc. Igual que un cristiano; si es auténtico es refugio para muchos y puede dar vida, porque le mana de Cristo; también hay matorrales y zarzas que pinchan aunque no es la intención del zarzal, en el cristiano también hay espinas donde otros se pinchan, puede ser en forma de comentario, gestos, decepciones, rarezas en el carácter, cultura y un largo etc. Pero todo el conjunto del bosque; árboles, flores y pinchos es el propio encanto natural, eso es lo que espera Dios de nosotros, que vivamos sin pecado pero con nuestra personalidad. Pero ¿Qué pasa si se cortan los zarzales para que no pinchen?
Desde hace dos años cortan los zarzales, esparragueras y matorrales del bosque donde voy a orar, para prevenir incendios ya que han construido un polígono industrial, esto ha facilitado la incursión de gente que no ama el bosque pero le gusta dar un paseo por él. Esto nos lleva a la lata que encontré, toda oxidada, tardará unos cincuenta años en destruirse, el que la llevó sabía que era para beber, como no ama el bosque una vez satisfecha su sed, dejó la lata vacía en pleno bosque; mirando más despacio pude comprobar que había bolsas de plástico, botellas y cosas que no tendrían que estar allá. Así es la vida del creyente, natural con su personalidad, con defectos y virtudes y Dios lo acepta así mismo, cambiándolo con paciencia, pero la religión quiere cortar todo arbusto y zarza para que sea perfecto y lo que hace es que en su interior se queda vacio, facilitando a Satanás el que pueda entrar y dejar pecados pequeños pero muchos que pueden arruinar el testimonio y la estima del individuo. El cristiano tiene que vivir en santidad, sin pecado, pero con su propia personalidad; que en nuestra vida no encuentren una lata vieja y oxidada, todo sea verde, con flores o espinas pero glorificando al altísimo.

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