26 jun. 2012

ÁRBOL DE LA VIDA



En Génesis 2:9 nos dice que el árbol de la vida estaba en medio del huerto de Dios, en Gn. 3:22 Dios expulsa a Adán y Eva, no por lo que hicieron, sino para que no alargasen su mano y comiesen de ese árbol y viviesen para siempre.

Este es un árbol que había en el pasado al principio del génesis.

Lo que la gente no sabe es: que este árbol existe en el presente y existirá en el futuro.


En Apocalipsis 2:7 dice: Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. Ese árbol lo encontramos en Ap. 22:1-2 dice: …..En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.

Complicado tema para desarrollar, estamos hablando de un árbol plantado, en medio de la calle principal de la Ciudad Santa, pero a la vez plantado a un lado y otro del río.

Yo después de orar y pensar en el tema, solo puedo llegar a una conclusión; que el árbol de vida es Jesucristo, es el único que estaba, está y estará en medio del huerto o paraíso, no en vano dice: Hechos 4:12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Un árbol que da doce frutos diferentes, dando cada mes su fruto, ya me contarán que árbol puede hacer esto, solo puede ser Jesucristo, que suple con su poder, todas nuestras necesidades, cada una a su tiempo.

Si Jesucristo es el árbol de la vida, las hojas han de ser tod@s l@s redimid@s por él, somos los que tenemos que llevar sanidad a las naciones, sea a sus gentes, o a su geografía; podemos ver como en menos de cien años las naciones han sufrido desgarradoras heridas que las hace estar enfermas mortales.

Fuere como fuere, si crees en esta teoría o no, lo importante es que Jesús vive y está deseando que le abras tu corazón para venir a morar contigo, ábrele la puerta de tu corazón, porque Él dice: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:20)


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